Se levantó gris, como era habitual en su vida desde hacía demasiado tiempo. Arrastró sus pasos hasta la cocina, como todas las mañanas, y al entrar dos pájaros de colores que se habían colado por la ventana abierta empezaron a piar como locos dando saltitos de un lado a otro. Entonces no pudo evitar sonreir, y le gustó tanto y se sintió tan bien, que ahora encuentra facilmente motivos para hacerlo.
Cada persona a la que quiero ocupa un trocito de mi corazón. Una risa compartida, una excursión, una conversación, un abrazo, una caricia, una lágrima, una bronca, un sueño, una carrera para llegar a tiempo, una gripe, un suspiro, un silencio, una mirada, un correo, un paseo... Cada rato vivido con alguien querido es un trocito de mi corazón. Por eso mi corazón no para de contarme historias y de dibujarme momentos que quiero compartir para que asi puedan formar parte de otros corazones.
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